¿Qué ocurre cuando oramos en el Espíritu?

Una de las preguntas más frecuentes cuando abordamos el tema, es: ¿Qué ocurre cuando oramos en el Espíritu? La respuesta gravita alrededor de una respuesta: es una oración que elevamos conforme a la voluntad de Dios, voluntad que nos ayuda a conocer el Espíritu Santo.

Torrey aborda de nuevo el tema, al escribir:

“Cuando oramos en el Espíritu, oramos por cosas correctas y de la manera correcta. Habrá gozo y poder en nuestra oración.” (R. A. Torrey. “Cómo orar”. Editorial Peniel. Argentina. 2006. Pg. 68)

Esa intimidad con el Señor nos lleva a pedir con confianza, bajo la certeza de que Dios nos escucha y que nuestro clamor tendrá respuesta. Eso no es alto intrascendente sino maravilloso porque tomamos conciencia de un Dios que es Padre, nos ama y se preocupa de nuestras necesidades.

Es un nivel en el que comenzamos pero que nos lleva a nuevas alturas, hasta el punto que el apóstol Pablo escribe a los creyentes de Éfeso: 

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Efesios 6:18).

¿Reviste importancia el orar en el Espíritu? Por cierto que sí. Se menciona varias veces en las Escrituras, y Judas instruye: 

“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo.” (Judas 20)

Una pregunta que sin duda le asalta: ¿Orar en el Espíritu está ligado a una actitud o una disposición? La respuesta es: disposición.

Disponernos para adentrarnos en el Señor hasta el punto en el que dejamos de preocuparnos por el paso del tiempo y lo que anhelamos es estar en Su Presencia, moviéndonos en el centro mismo de Su voluntad.

Recuerde que hemos insistido y lo haremos hasta la saciedad, que a orar se aprende orando. No es asunto de pretender que en un abrir y cerrar de ojos hayamos desarrollado intimidad con el Señor. Es un proceso que va de la mano con disponer nuestro corazón para conocer a Dios en su real dimensión. ¿Imposible? Por supuesto que no. Progresivo, si se quiere.

El Espíritu mismo nos enseña, conforme nos adentramos en Él, de qué manera debemos orar: 

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26)

Por favor, tenga en cuenta que no necesariamente está asociado a hablar en lenguas. Puede darse, pero en cada uno de nosotros debe haber conocimiento de qué estamos expresando. Con ayuda de Dios podrá lograrlo.

Y hablando de Dios, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como su Señor y Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Prendidos de la mano de Dios emprendemos el maravilloso camino hacia el crecimiento personal y espiritual que tanto anhelamos.

(C) Fernando Alexis Jiménez – Tomado del Portal http://www.Devocionales.Com Búsquenos en las Redes Sociales con el hashtag  #RevistaLuzyVerdad

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